lunes, noviembre 5

A cuatro manos...


Lo he intentado un par de veces: relatos cortos, menos cortos e incluso un libro con mi buen amigo David Jasso y, tras numerosos intentos, debo admitir que pocas veces el trabajo ha llegado a buen puerto. La última ocasión que hice el amago fue con David Jasso, como ya he mencionado antes, pero traté de hacer algo imposible (al menos para mi limitada mente de autor): escribir dos libros a la vez. No lo logré y eso que escribir con Jasso es una delicia y un auténtico honor. Aunque creo que la culpa fue mía, embarcarme en un proyecto que debido a la tarea acumulada se me iba a hacer cuesta arriba. Perdóname, amigo Jasso, pero que sepas que tenemos una deuda pendiente.

El caso es que paralelamente a las novelas, cierta editorial nos ha encargado un proyecto bastante estimulante y he empezado a trabajar con una escritora: Anabel (creo que ya la he mencionado anteriormente por este blog). Resulta una delicia embarcarse en esta clase de proyectos cuando la cosa funciona. Las ideas fluyen rápidamente, los puntos en común se encuentran en seguida, la lucha de egos queda en un segundo plano (sí, de verdad, palabrita del niño Jesú) y, además, no se produce desgaste intelectual porque realmente no estás involucrándote en una historia, sino que estás redactando un ensayo; eso sí, buscando el tono coherente y el estilo más agradable para que los textos fluyan ante el lector de manera adictiva y rápida.

Este bautismo de ideas, esta forma de trabajar tan amena, ha provocado que mi idea de escribir a cuatro manos haya cambiado. Cuando te involucras en una historia, el chip argumental debe estar en marcha casi las 24 H. del día (sí, como las farmacias de guardia). A mí el argumento de las novelas suele absorberme, los personajes cobran vida, incluso la acción que estás narrando en ese momento se te incrusta en la parte del cerebro que permanece siempre despierta en el subconsciente, en un plano inferior, y comienza a repetirse una y otra vez, una y otra vez… más o menos como la canción del verano. En cambio, en un ensayo perfectamente planificado, el chip creativo lo enciendes y lo apagas cuando te da la gana (al menos en mi caso) y eso te permite enmarañarte en otros asuntos y continuar escribiendo sin que tu cerebro sufra un esguince por saturación creativa.

A día de hoy, el libro que llevo entre manos va viento en popa y, además, junto a Anabel estoy desarrollando un segundo trabajo que va a más y no entra en conflicto con las pajas mentales que escribir una novela conlleva para un autor. Cuando nos ponemos delante de un ordenador (el tandem fantástico de la muerte que te cagas) fluyen las ideas fácilmente y existe esa complicidad necesaria para entrelazar argumentos y redondear conceptos. Parece que al final mi novela saldrá adelante (al menos en lo que se refiere al trabajo de escritor… luego comenzará la brega por publicarla, pero eso ya es otro cantar… ¿a algún editor le interesa una novela de terror ambientada en Valencia?), pero lo que más me entusiasma es ver que al fin soy capaz de desarrollar un trabajo a cuatro manos sin dejar con el culo al aire a mi compañero y eso da una paz interior y una satisfacción difíciles de explicar.

OTRAS COSAS QUE SE PUEDEN HACER A CUATRO MANOS

Una capea:

Tocar el piano:


Un masaje:
Operar:


Tocar la guitarra:

Currelar:

Y, por supuesto, el deporte nacional en España:


¡¡Hacer el tonto!!

By David Mateo with No comments

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