viernes, noviembre 16

Los locales de Valencia

Valencia es una ciudad atípica en lo que se refiere a la policía local. ¿Se acuerdan de la Copa América? Yo vivo en la Malvarrosa, tocandito la playa (no, joé, que no lo digo por dar envidia), y durante los meses Copa América a nuestra excelentísima alcaldesa no se le ocurrió otra genial idea que declarar el estado de emergencia (o el de excepción, váyase usted a saber), así que los barrios marítimos se convirtieron en una gran jaula rodeada de controles policiales. De esos que van con la metralleta en la mano y la cadenita llena de pinchos en el asfalto, por si a alguien se le ocurre la genial idea de darle al acelerador cuando no toca. El caso es que, como cualquier hijo de vecino, por aquel entonces llevaba sin pasar la ITV (sí, ahora sí que la llevo pasada, malpensados), así que en más de una ocasión me las tenía que ver y desear para no cruzar por delante de uno de los controles. En alguna ocasión me pararon, pero como tengo cara de buen chico y Valencia es una ciudad llena de maquis, me dejaron seguir sin mayores complicaciones.

Durante los meses de Copa América sufrimos de indigestión de locales. Salías de casa: control. Girabas una esquina: control. Abandonabas una rotonda: control. Dejabas la autopista: control. Pasabas por el puerto: 200 controles. Ibas al servicio: control. Pues bien, pasan los barquitos, Valencia se vacía y ya puedes dar pasos que, como no sea para ponerte una multa o caer en un control (sí, Valencia es una ciudad propensa al control, qué le vamos a hacer) no encuentras a un local ni por casualidad.

Ayer por la noche se nos ocurre dejar el coche bien aparcadito en la Avenida Albalat dels Tarongers, algo milagroso debido a la escasez de aparcamiento que sufre la zona de la politécnica. Allí los coches se meten como piojos en costura, o como los universitarios en costura (porque últimamente hay más universitarios que piojos… gracias a Dios). Mi novia y yo nos vamos a hacer unas gestiones por la zona, a zamparnos la merendola y cuando volvemos qué nos encontramos: al típico desgraciau que te deja el coche en doble fila falcado con el freno de mano. ¿Y qué es lo primero que haces después de cagarte en todos los ancestros del capullo del golf? Ir a los establecimientos próximos a la zona donde se ha producido el conflicto. Pues oigan, me miraban como si fuera un marciano. Venga a explicarles a las señoritas oficinistas de una academia y de un gimnasio que tenía un coche cruzado con el freno de mano delante del mío y éstas mirándome como si fuera un alienígena insectoide salido de la película Starship Troopers. Al final, una de ella me dice: «Oiga, que el coche no es mío». A lo que le respondo: «¿Y no se le ha ocurrido pensar que puede ser de una de las ciento cincuenta personas que tiene metida en el gimnasio?». Obviamente, no debió gustarle mi tonito irónico porque me respondió un: «vale, vale, ya preguntaré», y casi pondría la mano en el fuego a que a estas horas todavía no ha preguntado.

Segunda estrategia para llamar la atención del cenutrio del golf, desgañitar mi coche a base de tocar el cláxon. Sí, ese deporte que a los españoles se nos da tan bien en situaciones inabordables en lo que lo último que se debe de hacer es tocar el cláxon. Obviamente, a la media hora de tocar el pito, el dolor de cabeza de servidor era tan grande como el de los vecinos. Pero entonces se presenta ese animal tan típico y habitual en la fauna de nuestras ciudades: el arreglador. Lo primero que me dice es que detrás del golf hay un hueco lo suficientemente grande para que, con dos maniobritas, mi coche salga sobrao. Cuando le digo: «oiga, que mi coche es pequeño, pero no tiene un metro de ancho», el tío se planta en plan gorrilla y empieza a hacer señales para que maniobre. Consecuencia: mi coche se queda más atascado todavía y el tipo se disculpa diciéndome que lo que quería era aparcar en mi hueco porque en el barrio, a esas horas, resultaba muy difícil dejar el coche. Cagüen los chinos del arreglador.

Y mientras tanto, ni un mísero local a la vista, en una zona que incluso te multan desde la distancia, pero las ciudades tienen la sana costumbre de vaciarse de policías a partir de las ocho de la noche, curiosamente cuando más delitos se declaran (y se acaba la prohibición de aparcar en zona azul). El caso es que ya, después de media hora de litigio, cojo el móvil y llamo a la policía local. ¡¡Cinco minutos de reloj para que me lo cojan en centralita!! Vamos, que si me están violando me encuentran en la UVI. Tras escuchar medio millar de veces el mensajito: «Está usted contactando con la policía local de Valencia, ahora nuestra centralita está muy ocupada. Espere por favor», se pone el típico chico resabiado, escucha cargado de paciencia mis exabruptos y me dice que en dos minutos me manda un coche patrulla.

Cojonudo. Al menos al cabrón del golf que me ha tenido tres cuartos de hora varado en la nada le caerá una buena multa. En eso que aparece el arreglador (sí, ese que quería que sacara mi fiesta por un hueco de tres palmos) y para darnos un poquito más de ánimo nos dice que la policía va a tardar tres cuartos de hora, que él intentaría sacarlo por el hueco (oooooootra vez) y que se va al bar (obviamente) a tomar una cervecita y que de aquí a un rato se pasaría PARA VER cómo van las cosa. ¡Toma del frasco, carrasco!

Pues nada, a esperar a un individuo de esa raza que a menudo siembra Valencia de controles, te multan en cuanto dejas el coche en doble fila (y se da la terrible paradoja de que eres tú el implicado y no has dejado el freno de mano puesto) y montan colas interminables a las dos y media del mediodía cuando la gente va o viene del curro porque les da por cortar alguna calle. Y ya se pueden imaginar lo que hubo. El arreglador tenía razón. Hora y cuarto esperando al policía. Yo ya no le daba al cláxon por miedo a que se me descargara la batería. El arreglador en el bar poniéndose ciego a Cruz Campos, y mi novia y yo con un rebote del trece. Por aquel entonces, yo ya no quería que apareciera el notas del golf. Quería a un policía que le multara por cabrón y la grúa que se llevara el coche para que aprendiera la lección. Lo sé, lo sé, soy malo, pero es lo que hay. Prueben a pasar hora y cuarto con los brazos cruzados y comprobarán que las virtudes del ser humano degeneran tan rápidamente como la paciencia.

En eso que, allá, en la distancia, aparecen las luces de un coche patrulla. Mi novia y yo encantados de la vida: la salvación, el mesías, el séptimo de caballería. Pues no. Los cabrones giran por la primera calle y nos quedamos con cara de gilipollas. Ala, a esperar un ratito más. Mi novia quejándose de que le dolía la espalda, yo pensando a quién iba a matar primero: si al propietario del Golf o al arreglador si se le ocurría volver por ahí. De pronto aparece una chavala tan pancha y se encamina hacia el golf. Vamos, mi novia se le arrojó a la yugular como sólo saben hacerlo los dóbermans. La chavala acojoná. Le digo que es una inconsciente, que se ha librado por un pelo de que se lleve su coche la grúa, que llevamos una hora y cuarto esperándola. Se puso pálida. El caso es que le da a la manilla del Golf y dice: Ups… pero si me lo he dejado abierto. ¡Madre María Santísima… con qué felicidad vive algunas! Vamos, que si lo llego a saber, le robo el coche y dejo el mío bien aparcado. Al final, como la chavala tiene cara de buena persona, le digo que nos piremos de allí todos porque la policía está a punto de llegar (sí, en el fondo soy buen chico), o lo que es peor, puede regresar el arreglador y terminar de solucionar la situación diciendo que mi coche salía perfectamente.

El caso es que vamos a dar la vuelta a la manzana y ¿qué vemos entrar en la calle? ¡¡El coche patrulla solicitado!! Sí, aquel que pedimos hace media hora. Y seguimos por esa misma calle veinte metros más adelante y ¿qué vemos? El otro coche patrulla multando a unos chavales que se habían dejado su vehículo estacionado sobre la acera. Cojonudo, oigan, cojonudo. Valencia is different, que dirían los yanquis.

By David Mateo with 8 comments

8 comentarios:

Y yo que pensaba que por aquí estábamos jodidos... Si por estos lares se pudieran adquirir armas de fuego con la misma facilidad que en los USA, ríete tú de la masacre de Columbine.

Lo de Valencia es de juzgado de guardia, amigo Enric. El día que comience la Fórmula 1 y la Copa América, directamente, nos meten en jaulas.

a) coges el coche en cuestión por la parte de detrás.
b)subes y bajas rítmicamente el coche hasta que la cosa sea así como pelín exagerada. (mejor hacerlo entre dos o tres personas)
c)empujas.
No lo moverás mucho... no será nada bueno para sus frenos y su suspensión... pero bueno, te ahorras el mal trago.

Tú estás más tocho que yo, Fredo. Hago eso y me dejo la espalda. Lo que me ha molado es lo de no será nada bueno para sus frenos y su suspensión. Si lo llego a saber se va sin suspensión a casa...

Si, bueno, lo de la policia, la grua, los aparcajodidos,e tc, ya lot engo yo muy asumido, ya se de que palo van...
El otro día dejo el coche un momento en doble fila, sin el freno, pero quedó de tal manera que no se podia mover
Al rato, oigo que tocan el claxon. Salgo, y me encuentro con que el estaba bloqueando la salida a Lorenzo (Señor Lobo)
Joer, con la de meses que llevamos sin vernos, y mira donde vamos a coincidir... ;)

No tiene nada que ver con este tema ,pero si con el de la pli local.
Rsulta que a un amigo mio le entró un apretón por la calle y al no haber bares por la zona,tuvo que mear en un jardincito cercano a la calzada.
Una patrulla lo vio y le pusieron una multa de 90 euros.EL se negó a pagar y contó lo siguiente .Es veridico y muchos lo saben.

Bajo el rio en la zona del puente d madera ,los fines de semana se ponen decenas de euctorianos a jugar al futbol y otros tantos se emborrachan ,pero a tope,mean bajo el rio dejandolo todo perdido y maloliente,sin embargo la policia no les dice nada.Pasan de ellos semana tras semana y por un pequeño "apreton" que tuvo mi amigo le querian multar con 90 eurakos.Hay que ver que cosas hay en Valencia.

Jeee, es que Lorenzo es muy de bloqueos :)):)) Yo creo, Javier, que fue a por ti a propósito. Por cierto, a ver si te dejas caer por alguna kedada.

¡¡Angelyllo, jajaja, que gorrinaco tu amigo!! Mira que mear en la vía pública. Si es que lo que no inventéis vosotros, no lo inventa nadie. Espero que al final no multaran a tu amigo.

Bueno, durante los partidos de fútbol del río, mean y mean ecuatorianos, valencianos, madrileños, bolivianos, etc. etc.
El apretón de mear sin un bar a la vista ¡en Valencia! y ¡Con la policía local al lado! ya es mala suerte, joer

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